“… vendremos a él, y haremos morada con él” Juan 14:23

Conocí a una mujer que arreglaba su casa todas las noches antes de irse a la cama. Lo hacía porque no quería que el Señor la encontrara como si fuera un ama de casa desordenada si Él regresaba antes de la mañana siguiente. Muchas veces, traté de imitar sus elevadas normas de pulcritud, pero, cuando yo era una joven ama de casa, esposa y madre, solía terminar el día sabiendo que mi casa no aprobaría el examen.

Mantener una casa bien arreglada para la gloria de Dios es una aspiración sumamente digna. Sin embargo, con el tiempo, me di cuenta de que la primera preocupación del Señor no es la morada del barrio donde yo vivo, sino que le importa mucho más el estado de la casa donde vive Él: mi corazón.

En Juan 14:21, encontramos dos formas de mantener esa casa: amar a Dios y obedecer Sus mandamientos. Desobedecer al Señor ensucia ese hogar que es nuestro corazón, pero la obediencia que se expresa por amor a Él lo convertirá en una morada adecuada para Dios ahora; y, además, estaremos preparados para cuando Cristo vuelva.

La siguiente oración puede ayudarnos a distinguir entre las normas externas y las eternas: Padre, ayúdame a limpiar mi corazón de la misma forma que lo haría con mi casa. Quita todo el polvo y las telarañas del orgullo, de los malos sentimientos y del prejuicio. Quiero mantener un corazón limpio para que tú habites en él.

Tu corazón debe ser la casa de Dios.
DIOS TE BENDIGA GRANDEMENTE^^

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