Archive for marzo, 2012


Holy is the Lord.

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Dios Te Bendiga

Simplemente contento

“Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” 1 Timoteo 6:8

Hace varios años, un fabricante de autos utilizó la tonada de una vieja canción del grupo religioso Shakers, para promocionar un auto de lujo. A quienes conocían la letra, les pareció contradictorio que, para vender un auto caro, se usara una melodía que habla de encontrar contentamiento en un estilo de vida sencillo. La letra dice: “El don es ser sencillo; el don es ser libre; el don es aceptar la condición que tenemos”.

A menudo, nos resulta difícil aceptar la enseñanza bíblica de que el contentamiento no se relaciona con nuestro guardarropa ni con nuestra cuenta bancaria. Tampoco tiene que ver con comer carne o pescado en la cena. Lo que el apóstol Pablo llamó “gran ganancia” (1 Timoteo 6:6) no era la prosperidad material, sino la “piedad acompañada de contentamiento”. Timoteo puede haberse quedado tan pasmado como nosotros al leer las palabras: “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (v.8).

¿Cuántos haremos hoy una pausa para dar gracias al Señor porque tenemos algo para vestirnos y para comer? Además, ¿cómo cambiaría nuestra vida si lo hiciéramos?

Esa vieja canción de los Shakers también nos recuerda que el contentamiento es un don que debe disfrutarse. Dice: “Y cuando lleguemos al lugar correcto, será el valle del amor y de los deleites”. Podemos encontrar satisfacción en la abundancia de los simples dones de Dios.

El contentamiento no se obtiene por tener mucho, sino por desear poco.

“Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento…” Efesios 1:18

Mucho de lo que pedimos en oración depende de lo que vemos con nuestros ojos. Oramos a Dios por problemas con el auto, un techo que gotea, unas tuberías defectuosas o la necesidad de un nuevo edificio para la iglesia… y todo eso está bien. Debemos orar por esas cosas.

Pero cuando Pablo habló con Dios sobre los creyentes en Éfeso, no mencionó las necesidades físicas de ellos, sino que pidió que pudieran ver y entender la verdad de Dios con más claridad (1:18). Estaba rogándole al Señor que les diera a los efesios sabiduría y discernimiento espiritual en tres áreas: la esperanza a la que habían sido llamados, las riquezas de su herencia espiritual y el poder de la resurrección que disfrutaban (vv. 18-20).

Estos elementos invisibles son importantes porque, mientras mejor veamos con los ojos de la fe lo invisible -la esfera de Dios-, mejor percibimos la realidad del mundo visible. Entender lo que significa nuestra esperanza de la vida eterna y darnos cuenta de las abundantes riquezas que tenemos en Cristo Jesús nos permitirá mantener una perspectiva adecuada de este mundo que podemos ver. Además, impedirá que nos concentremos demasiado en todas las cosas que ofrece.

Señor, muéstranos esas cosas invisibles que tenemos que observar y conocer, y que son mucho más importantes que las que podemos ver.

Si mantienes la mirada en Cristo, verás tus riquezas espirituales.

“… vendremos a él, y haremos morada con él” Juan 14:23

Conocí a una mujer que arreglaba su casa todas las noches antes de irse a la cama. Lo hacía porque no quería que el Señor la encontrara como si fuera un ama de casa desordenada si Él regresaba antes de la mañana siguiente. Muchas veces, traté de imitar sus elevadas normas de pulcritud, pero, cuando yo era una joven ama de casa, esposa y madre, solía terminar el día sabiendo que mi casa no aprobaría el examen.

Mantener una casa bien arreglada para la gloria de Dios es una aspiración sumamente digna. Sin embargo, con el tiempo, me di cuenta de que la primera preocupación del Señor no es la morada del barrio donde yo vivo, sino que le importa mucho más el estado de la casa donde vive Él: mi corazón.

En Juan 14:21, encontramos dos formas de mantener esa casa: amar a Dios y obedecer Sus mandamientos. Desobedecer al Señor ensucia ese hogar que es nuestro corazón, pero la obediencia que se expresa por amor a Él lo convertirá en una morada adecuada para Dios ahora; y, además, estaremos preparados para cuando Cristo vuelva.

La siguiente oración puede ayudarnos a distinguir entre las normas externas y las eternas: Padre, ayúdame a limpiar mi corazón de la misma forma que lo haría con mi casa. Quita todo el polvo y las telarañas del orgullo, de los malos sentimientos y del prejuicio. Quiero mantener un corazón limpio para que tú habites en él.

Tu corazón debe ser la casa de Dios.
DIOS TE BENDIGA GRANDEMENTE^^

“… aun en las noches me enseña mi conciencia” Salmo 16:7

El salmista David tenía noches de oscuridad y de soledad, cuando todo parecía estar fuera de control. Lo asaltaban dudas y temores y no encontraba salida de sus problemas. Daba vueltas en la cama igual que nosotros, pero, después, se dirigía a su Pastor (Salmo 23:1) y recordaba que el Señor estaba con él. Eso le daba paz a su alma ansiosa y perturbada. Decía: “A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido” (16:8).

Nosotros también tenemos momentos de desvelos, cuando los pensamientos ansiosos forcejean para captar nuestra atención, cuando renegamos de la oscuridad y anhelamos conciliar el sueño. Sin embargo, no debemos preocuparnos, porque la oscuridad puede ser nuestra amiga. Dios está presente en ella, para visitarnos, consolarnos e instruirnos durante la noche. Tal vez, mientras estamos en la cama, podemos oír la voz del Señor como en ninguna otra parte, escuchar Sus pensamientos y meditar en Su Palabra.

Podemos conversar con Dios sobre todo lo que nos preocupa y echar nuestra ansiedad sobre Él (1 Pedro 5:7). Hablar de nuestros fracasos, conflictos, desafíos, ansiedades o frustraciones por Sus prolongados retrasos -todas esas cosas que nos tensiones y nos quitan el sueño- y escuchar lo que Él quiere decirnos. Esto puede distinguirnos de los insomnes comunes. Es el secreto de un buen descanso.

Si no puedes dormir, no cuestes ovejas; habla con el pastor.

Nuestra mayor necesidad.

“… No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” Mateo 4:4

Somos criaturas con toda clase de necesidades. Por ejemplo, sin aire, agua o comida no podemos vivir. Además de estas necesidades absolutamente básicas, tenemos muchas otras que deben satisfacerse si queremos ser saludables y felices. Pero dichas necesidades no son solo físicas, emocionales y sociales, sino también, espirituales.

Cualquiera que piense que los seres humanos son meros organismos está pasando por alto nuestra necesidad más esencial. Douglas Coupland habla de esto en su libro La vida después de Dios: “Este es mi secreto: se lo digo con una sinceridad de corazón que dudo que pueda volver a alcanzar […]. Mi secreto es que necesito a Dios, que estoy enfermo y que no puedo seguir solo. Necesito a Dios para que me ayude a dar, porque parece que ya no soy capaz de hacerlo; para que me ayude a ser amable, pues parece que ya no puedo serlo; para que me ayude a amar, pues parece que ya no tengo capacidad para demostrarlo”.

¿Reconoces tu necesidad de Dios? Es autor de Salmo 42 sí lo hacía (vv. 1-2). Esa necesidad puede satisfacerse iniciando una relación personal con Jesucristo. Cuando confieses tus pecados y creas que Él te perdonará, lo hará. Después, por medio de Su Espíritu Santo, vendrá a morar en ti y te dará la capacidad de ser amable, generoso y amoroso.

Cristo satisface nuestra mayor necesidad.

Si estás buscando a Dios, mira a Cristo.

“…Estos hombres son siervos del Dios altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación” Hechos 16:17

Te dedicas a la espeleología y estás explorando una cueva muy interesante. Pasas horas mirando los túneles y los senderos, introduciéndote cada vez más en la desconocida oscuridad. Los que están afuera, al darse cuenta de que quizá estés perdido, mandan a alguien a rescatarte. De repente, oyes una voz que te llama.

El rescatista te saluda, diciendo: “Sígueme, yo sé donde está la única salida”. Tú respondes, protestando: “¿Cómo puedes decir que solo hay una salida? Tiene que haber otras”. Él replica: “He explorado esta cueva, y debes ir por el camino que te digo o nunca vas a salir”. Tú contestas: “Tienes una mentalidad muy limitada. Vete, yo me arreglo solo”.

Suena tonto, pero así responden algunas personas cuando uno menciona que el único camino al cielo es por medio de la fe en Cristo. Supuestamente, tendrían que decir: “¡Hombre! ¡Gracias por la buena noticia!”. Pero, en lugar de eso, se podría recibir una reacción similar a la del explorador de cuevas: “Déjame tranquilo. Yo no creo en eso de que solo hay un camino”.

Un rescatista ama a los demás, y se preocupa y se arriesga por el bienestar de ellos. El apóstol Pablo era un rescatista al que echaron en la cárcel por tratar de divulgar las buenas nuevas (Hechos 16:23). La gente no siempre aceptará con los brazos abiertos que intentemos rescatarlos, pero eso no debe impedir que mostremos el camino. ¡Sé un rescatista!.

Los que están perdidos necesitan que alguien les muestre el camino.
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“… procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz” 2 Pedro 3:14

Dos cosas extrañas sucedieron mientras desayunaba como de costumbre en un restaurante. Primero, leí un artículo en la primera página del periódico, que citaba a cierto escritor cristiano que sostenía la teoría de que Cristo llamaría para ir al cielo a millones de creyentes antes de la puesta de sol de ese día en particular.

Unos minutos después, llegó un amigo mío, se sentó y empezó a contarme que su vida había cambiado drásticamente. Dijo que, por primera vez en su vida, estaba listo para reunirse con el Señor. Esa fue una buena noticia, ya que a menudo habíamos hablado de su falta de disposición para vivir de una manera acorde a su testimonio de ser creyente en Cristo.

Dijo que había decidido que debía definirse. Sentía una paz asombrosa y, además, estaba interesado en el bienestar de los demás. Cuando le pregunté qué había pasado, me dijo que había leído el libro del que hablaba el periódico y que, finalmente, se había dado cuenta de que si Cristo venía ese día o cualquier otro, a la larga tendría que comparecer ante el Señor.

Afirmar que Cristo va a venir hoy puede resultar en una falsa alarma, pero creer que podría ser así y que tendremos que rendirle cuentas nos motivará a vivir para Él.

Planifica como si faltaran muchos años para el regreso de Cristo, pero vive como si viniera hoy.
Dios Te Bendiga ^.^