Archive for octubre, 2011


Qué es la fe?.

Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. 2 Pedro 1:4.

Miguel es joven y apuesto. Hijo de una buena familia, tiene todo lo que un joven, a su edad, necesita: casa, estudio, auto, amigos, libertad.

Sus padres son de aquellos que confían en el hijo hasta el punto de dejarlo libre los fines de semana. Él sale cada sábado de noche con una chica diferente. En las fiestas, es el centro de las atenciones, el más conversador, el sueño de las chicas. Lo que nadie sabe es que Miguel lucha contra tendencias homo­sexuales. Él no quiere ser así; sabe que esa no es la voluntad de Dios. Miguel dice ser cristiano.

Otro caso. Claudio es casado, y tiene dos hijos. Es respetado y admirado en su trabajo; sus hijos se sienten orgullosos de él; su esposa sonríe de alegría por tener un esposo como él. Por donde Claudio va, las personas lo rodean y lo abrazan: es el fiel retrato del éxito. Pero, ese retrato no muestra a Claudio en la oscura madrugada.

Amparado por las sombras, se transforma en un surfista de las ondas de Internet; esas ondas lo llevan a sitios pornográficos: es un enviciado. Y, no obstante, es un líder religioso.

¿Cuál es la semejanza entre Claudio y Miguel? ¿La vida paralela? ¿La in­tención de esconderse? ¿La vida en la penumbra? Puede ser.

Pero, el versículo de hoy habla de una promesa: esta promesa es la que une a Claudio, a Mi­guel, a ti y a mí.

La promesa es: tú puedes ser partícipe de la naturaleza de Cristo, y libre de las corrupciones de este mundo. ¿Podemos lograrlo? Si preguntásemos a Claudio y a Miguel, dirían: ¡No veo cómo! ¡Ya lo intenté, ya luché, ya lloré; pasé noches en oración, ayuné. Y ¡continúo siendo un pobre pecador!
El verbo “dar”, en el versículo de hoy, proviene del griego dedoretai. Es usado para destacar que recibes sin merecer, sin tener el derecho. Ser compa­ñero de Cristo, y libre, es algo que no merecemos: lo recibimos solo porque lo aceptamos. ¡Aceptar es ejercer fe!
Claudio, Miguel, tú y yo: él nos ha dado preciosas y grandísimas prome­sas, para que por ellas llegásemos a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo.

DIOS TE BENDIGA

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La alegría del dolor.

Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido

teni­dos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre.

Hechos 5:41.

La idea central del versículo de hoy es el gozo en medio de la

tribulación.

¿Cómo es posible gozar, en medio de la tribulación? La mente no

convertida jamás podrá entenderlo, porque este gozo es un fruto del

Espíritu. No se vive solo en los momentos “buenos”, también está

presente en las dificultades.

Obviamente, nadie desea tener una vida llena de problemas. Pero,

cuan­do los problemas aparecen, el cristiano no se deja abatir sino que

se gloría en ellos. “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos

en las tribulaciones”, menciona Pablo.

Podemos aprender de Pedro y de Juan. Ellos acababan de pasar por un

momento de humillaciones y sufrimientos por causa de Cristo, y salieron

“gozosos de padecer afrenta y de ser avergonzados por causa de Dios”.

El do­lor no los sumergió en la arena movediza de las lamentaciones y las

quejas. Defendían el nombre de Jesús y, aparentemente, habían sido

abandonados por Dios: ¿qué motivo habría para regocijarse? Pero, el

cristiano no se rego­cija “por”, sino “a pesar de”.

Pablo explica las causas del gozo en la tribulación: dice que la

tribulación es una herramienta que Dios usa para el crecimiento

cristiano. Y, sin duda, Pedro y Juan salieron más maduros de la

tribulación; tan maduros que Pedro no temió ser crucificado por causa

de su Maestro.

El gozo en la tribulación no es alegría placentera; no es el deseo

de dar carcajadas: es satisfacción, serenidad de saber que el dolor que

estamos vi­viendo tiene un propósito. Pero, al mismo tiempo, es la

esperanza, la certi­dumbre de que el dolor pasará, porque Dios así lo

ha prometido.

Si en este momento estás atravesando el valle de la sombra y de la

muer­te, no desesperes. Si es preciso llorar, llora. Pero, permite que

Jesús enjugue tus lágrimas; que sus manos, horadadas por los clavos

del dolor, toquen tu corazón sangrante y te den paz. Recuerda que Pedro

y Juan también pasa­ron por lo que estás pasando, y “ellos salieron

de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos

de padecer afrenta por causa del Nombre”.

La oración es la respuesta para cada problema de la vida. Ella nos

pone en sintonía con la sabiduría divina, la cual sabe como ajustar

cada cosa perfectamente. A veces, dejamos de orar en ciertas

circunstancias porque, a nuestro modo de ver, la situación es sin

esperanza. Pero, nada es imposible para Dios. Nada es tan enmarañado

que no pueda ser remediado, ninguna relación humana es tan tensa que

Dios no pueda traer reconciliación y comprensión, ningún habito esta

tan profundamente arraigado que no pueda ser vencido, ninguno es tan

débil que él no pueda volver fuerte. Ninguno está tan enfermo que

Dios no pueda curar. Ninguna mente está tan oscurecida que él no pueda

volver brillante., si algo nos causa preocupación o ansiedad, dejemos

de propagarlo y confiemos en Dios por restauración, amor y poder.

Dios te bendiga

Tu dices: Es Imposible

Dios Dice: Todo es Posible (Lucas 18:27)

Tu dices: Estoy cansado

Dios dice: Yo te haré descansar (Mateo 11:16 – 30)

Tu dices: Nadie me ama

Dios dice: Yo te amo (Juan 3:16 & 13:34)

Tu dices: No puedo continuar

Dios dice: “Mi gracia es suficiente” 1 Corintios 12:9

Tu dices: No entiendo las cosas

Dios Dice: “Yo te guiaré” Proverbios 3:5-6

Tu dices: No lo puedo hacer

Dios Dice: “Tu puedes hacerlo” Filipenses 4:13

Tu dices: No me puedo perdonar

Dios dice: Yo te perdono” 1 Juan 1:9 & Romanos 8:1

Tu dices: Me siento solo

Dios dice: “Nunca te dejaré solo” Hebreos 13:5

“Por todas las cosas negativas, nos tenemos que decir, Dios tiene la respuesta para ello…”

DIOS TE BENDIGA.

Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido

teni­dos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre.

Hechos 5:41.

La idea central del versículo de hoy es el gozo en medio de la

tribulación.

¿Cómo es posible gozar, en medio de la tribulación? La mente no

convertida jamás podrá entenderlo, porque este gozo es un fruto del

Espíritu. No se vive solo en los momentos “buenos”, también está

presente en las dificultades.

Obviamente, nadie desea tener una vida llena de problemas. Pero,

cuan­do los problemas aparecen, el cristiano no se deja abatir sino que

se gloría en ellos. “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos

en las tribulaciones”, menciona Pablo.

Podemos aprender de Pedro y de Juan. Ellos acababan de pasar por un

momento de humillaciones y sufrimientos por causa de Cristo, y salieron

“gozosos de padecer afrenta y de ser avergonzados por causa de Dios”.

El do­lor no los sumergió en la arena movediza de las lamentaciones y las

quejas. Defendían el nombre de Jesús y, aparentemente, habían sido

abandonados por Dios: ¿qué motivo habría para regocijarse? Pero, el

cristiano no se rego­cija “por”, sino “a pesar de”.

Pablo explica las causas del gozo en la tribulación: dice que la

tribulación es una herramienta que Dios usa para el crecimiento

cristiano. Y, sin duda, Pedro y Juan salieron más maduros de la

tribulación; tan maduros que Pedro no temió ser crucificado por causa

de su Maestro.

El gozo en la tribulación no es alegría placentera; no es el deseo

de dar carcajadas: es satisfacción, serenidad de saber que el dolor que

estamos vi­viendo tiene un propósito. Pero, al mismo tiempo, es la

esperanza, la certi­dumbre de que el dolor pasará, porque Dios así lo

ha prometido.

Si en este momento estás atravesando el valle de la sombra y de la

muer­te, no desesperes. Si es preciso llorar, llora. Pero, permite que

Jesús enjugue tus lágrimas; que sus manos, horadadas por los clavos

del dolor, toquen tu corazón sangrante y te den paz. Recuerda que Pedro

y Juan también pasa­ron por lo que estás pasando, y “ellos salieron

de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos

de padecer afrenta por causa del Nombre”.

La oración es la respuesta para cada problema de la vida. Ella nos

pone en sintonía con la sabiduría divina, la cual sabe como ajustar

cada cosa perfectamente. A veces, dejamos de orar en ciertas

circunstancias porque, a nuestro modo de ver, la situación es sin

esperanza. Pero, nada es imposible para Dios. Nada es tan enmarañado

que no pueda ser remediado, ninguna relación humana es tan tensa que

Dios no pueda traer reconciliación y comprensión, ningún habito esta

tan profundamente arraigado que no pueda ser vencido, ninguno es tan

débil que él no pueda volver fuerte. Ninguno está tan enfermo que

Dios no pueda curar. Ninguna mente está tan oscurecida que él no pueda

volver brillante., si algo nos causa preocupación o ansiedad, dejemos

de propagarlo y confiemos en Dios por restauración, amor y poder.

Dios te bendiga

Las secuoyas de la costa del Pacífico en América del Norte son algunos de los árboles más altos del mundo. El hyperion, registrado como el más alto, alcanza un poco más de 115 m de altura.

Durante una visita al Parque Nacional Muir Woods, en California, quedé sorprendido y pasmado ante la enormidad de esas secuoyas. Estos árboles, tan altos como un edificio de 30 pisos, parecían aplastarme contra el suelo del bosque mientras que, al mismo tiempo, elevaban mis pensamientos hacia las alturas.

Recordar lo que sentí al pie de algunas de las plantas más altas y antiguas del mundo me ha dejado pensando en cómo se originaron. Todas ellas, al igual que el árbol genealógico de la humanidad, tienen sus raíces en un Creador cuya grandeza supera de manera infinita y eterna a Su creación.

El profeta Isaías logró vislumbrar a este Dios. En una visión que mezcla las maravillas del reino mesiánico con la promesa de un cielo y una tierra nuevos, describe a Alguien que hace al firmamento Su trono y a la tierra estrado de Sus pies (Isaías 66:1).

Pero Isaías vio algo aun más asombroso: un gran Dios que desea que Su pueblo se goce y alegre para siempre en las cosas que Él ha creado (65:18). En respuesta a esto, postrémonos delante de Él en humilde adoración (66:2).

La obra creadora de Dios terminó; nuestro servicio de alabanza recién comienza.
DIOS TE BENDIGA.

“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” Salmo 133:1

Todavía recuerdo lo que fue llevar de vacaciones a nuestra familia y sentir que toda la alegría del viaje se arruinaba con las peleas y las quejas de los niños en el asiento trasero del auto. Quién puede olvidarse de los efectos perjudiciales de «¡Papá, ella me tocó!» o «¡Mamá, él no me deja jugar!».

Si has experimentado algo similar, puedes imaginarte cómo se siente Dios cuando Sus hijos se quejan y pelean. Para el Señor, es importante llevarse bien. Refiriéndose a nosotros, Jesús oró que «todos sean uno», para que el mundo crea que Él vino del Padre (Juan 17:20-21). Y a los discípulos que tenían tendencia a pelearse, les mandó que se amaran y se sirvieran unos a otros (13:34-35; Mateo 20:20-28). También debe señalarse que entre las siete cosas que Dios aborrece, se incluye a aquel «que siembra discordia entre hermanos» (Proverbios 6:19).

Por eso, no sorprende que el salmista diga que, cuando los hermanos habitan en armonía, es como «el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba […] de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras» (Salmo 133:1-2). En la antigüedad, el aceite de la unción estaba lleno de especias aromáticas que perfumaban todos los ambientes donde iba el ungido. ¡Que la unidad que surge de nuestro amor y servicio mutuos bendiga con su fragancia nuestra familia, iglesia y amistades!

Los creyentes que se llevan bien esparcen la dulce fragancia de Jesús.
DIOS TE BENDIGA.

“… tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad…” Hechos 8:21-22

A la hiedra venenosa le encanta nuestro jardín. Esto lo aprendí a la fuerza. Aunque trataba de tener cuidado, toqué la planta y terminé con un desagradable sarpullido que me hacía picar.

La hiedra venenosa se parece a muchas plantas inofensivas y crece junto a algunas sumamente hermosas. Una jardinera no podía explicarse por qué aparecía este tipo de hiedra cada vez que podaba las rosas. Más tarde descubrió que una parra de esta hiedra se estaba aprovechando del cuidado amoroso con que ella atendía su rosal.

Algunas personas son como las plantas tóxicas. Aparentan ser inofensivas e incluso se entremezclan con personas que, como las rosas, son fragantes y hermosas.

Simón el mago concuerda perfectamente con esta descripción. Siguió a Felipe y fue bautizado, pero después quiso comprar el don de imponer las manos sobre las personas para que recibieran el Espíritu Santo. Pedro se horrorizó ante su pedido y lo instó a que se arrepintiera (Hechos 8:22).

A veces la gente usa el entorno propicio de una iglesia saludable como una red para alcanzar propósitos egoístas. Como la hiedra venenosa entre las rosas, causan mucha tristeza. Al igual que Simón, el que haga algo así debe arrepentirse, y todos aquellos que lo rodean tienen que evitar el contacto con esa persona. Los imitadores espirituales parecen buenos, pero su «fruto» es tóxico.

Una vida falsa va en contra de una fe verdadera.

DIOS TE BENDIGA.

“… separados de mí nada podéis hacer” Juan 15:5

Los adultos festejan cuando los niños aprenden a hacer algo por sí solos: vestirse, cepillarse los dientes, atarse los cordones de los zapatos, andar en bicicleta, ir caminando a la escuela.

Cuando somos grandes, nos gusta abrirnos camino solos, vivir en casa propia, decidir por nuestra cuenta, no depender de la ayuda de nadie. Si enfrentamos desafíos inesperados, buscamos libros de «autoayuda». Mientras tanto, de manera sistemática estamos bloqueando la actitud de corazón que a Dios más le agrada, y aislándonos, lo cual describe con mayor precisión nuestra verdadera condición en el universo. Es lo que Jesús les dijo a Sus discípulos: «…separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15:5).

La verdad es que vivimos dentro de una red de dependencia, en cuyo centro está Dios, quien sustenta todo. El teólogo noruego Ole Hallesby determinó que la palabra “impotencia” resume mejor que ninguna otra la actitud aceptable para Dios cuando oramos. Dijo: «Sólo aquel que es impotente puede de verdad orar».

La mayoría de los padres sienten una punzada cuando los hijos dejan de ser dependientes, a pesar de saber que el crecimiento es algo saludable y normal. Con Dios, las reglas cambian. Nunca dejamos de depender de Él, y si pensamos que lo hemos hecho, nos engañamos. La oración es nuestra declaración de dependencia del Señor.

Ora como si tu vida dependiera de eso. ¡Y así es!

DIOS TE BENDIGA!!!


“… Jehová [muestra] su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él” 2 Crónicas 16:9

Después de regresar de la luna, a Neil Armstrong solían asediarlo los medios de comunicación. Procurando mayor privacidad, se mudó con su familia a una pequeña ciudad. Sin embargo, la notoriedad fue una molestia aun allí. Su peluquero descubrió que la gente pagaría buen dinero por un mechón de cabello de su cliente. Entonces, después de cortarle varias veces el pelo al héroe del espacio, ¡le vendió los mechones a un comprador por 3.000 dólares! Armstrong quedó abrumado ante la deslealtad del peluquero.

Las Escrituras relatan otra historia de deslealtad y de corte de cabello. Como símbolo de que Dios había llamado a Sansón para ser nazareo, no debía cortarse nunca el cabello (Jueces 13:5). Cuando el Espíritu de Dios vino sobre él, obtuvo una fuerza sobrenatural para vencer a sus enemigos (15:14). Los filisteos quisieron dominarlo; entonces, contrataron a Dalila, una mujer relacionada con Sansón, para que averiguara el secreto de su fuerza. De manera insensata, él le contó que perdería su poder si le cortaban el cabello. Ella lo arrulló para que se durmiera e hizo que lo raparan (16:5,19).

La codicia puede inducirnos a ser desleales a los demás y a Dios, y a tomar decisiones pecaminosas. Deberíamos desear exhibir un corazón plenamente consagrado a amar a Dios y a la gente. El Señor muestra «su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él» (2 Crónicas 16:9).

La lealtad es la prueba del amor verdadero.

DIOS TE BENDIGA.

“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” Efesios 6:13

Durante decenas de años, cada vez que hacía un viaje largo llevaba un botiquín de emergencia, pero nunca tuve que usarlo. Se convirtió en un elemento tan habitual que, la noche que realmente lo necesité, no podía recordar dónde estaba. Felizmente, mi esposa sí se acordaba.

Después de atropellar un ciervo en una oscura carretera rural, nuestro vehículo quedó completamente inutilizado. Mientras trataba de iluminar con una pequeña linterna, y tanteaba para evaluar el daño y llamar una grúa, mi esposa abrió el botiquín de emergencia, armó las balizas reflectoras y luego, para sorpresa mía, encendió la brillante linterna. Tiempo después, hablábamos de cómo las crisis pueden hacernos olvidar de los recursos que tenemos, justo cuando más los necesitamos.

Pablo instó a los efesios a ponerse «toda la armadura de Dios, para que [pudieran] estar firmes contra las asechanzas del diablo» (Efesios 6:11). Esta cubierta de protección incluye la verdad, la justicia, el apresto, la fe, la salvación y la oración (vv. 14-18). Aunque estos recursos espirituales nos resguardan todos los días, debemos recordarlos cuando sobrevienen los problemas y el enemigo trata de socavar nuestra confianza en el amor y el cuidado de Dios.

Utiliza el botiquín. «… tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes» (v. 13).

Dios provee la armadura, pero nosotros debemos usarla.
QUE DIOS TE BENDIGA.